253 – Villa Pehuenia y los humanos dormidos

2012-03-20 Villa Pehuenia y los humanos dormidos

Cacarea un gallo a lo lejos, anunciando un amanecer tardío.

El frío anula el rocío del estío.

Un pajarito del gallo celoso, jorgea con su trino.

Refleja el vidrio de la ventana imágenes de sueños que pronto serán idos.

Los veladores aún alumbran las penumbras perezosas que no desean volver a sus nidos.

Una ramita de los pinos cae sobre el techo, produciendo ecos casi sombríos de otras realidades de sueños irreales.

 

Costa Bonita, Villa Pehuenia, Patagonia Argentina por Miryam Dietrich

 

 

Continúa el gallo llamando a los humanos dormidos.

El silencio tiene sonidos y el zumbido de Dios penetra en los oídos.

De los patos sale una V en vuelo coherente hacia el Lago Moquehue, lago tranquilo.

Niebla, el perro San Bernardo, duerme el sueño de los grandes.

De golpe el aire se puebla de jolgorio: pelean el gallo y los patos para ver cuál de ellos saca los mejores tonos para despertar a los humanos dormidos.

Humanos dormidos que creyendo despiertos estar, andan como zombis idos.

¡Zas!  En la cacofonía de notas musicales no escritas, un ruido profundo y corto… ¡Está hablando el puente de madera bajo el peso de un auto distraído que lo cruza raudo cual si fuera una quimera!

El silencio tiene sonidos y en el mismo,… uno encuentra sus propios ruidos.

El cocorocó del gallo, ya se aleja hacia su destino en la joven mañana que asoma por la ventana

Cruje el techo, y de golpe, ahí, en medio de la nada, se escucha un “Pio pio” que se une a la orquesta “Del Silencio y sus sonidos”.

El Río Angosturas detuvo su marcha. Atento se encuentra a las primeras heladas que pueblan sus riveras y al crujir de los coihues pehuenes y araucarias.

 

 

Río Angosturas, Cabañas Costa Bonita, Villa Pehuenia, Patagonia Argentina, por Miryam Dietrich

 

Los rojos y amarillos pueblan las montañas en este otoño incipiente que puedo apreciar desde mi ventana.

Sara Brightman canta “El Fantasma de la Ópera”  en el equipo de música – que por mucho escuchada no es menos disfrutada en estos sonidos para el alma- mientras se observa la helada pegada a las barandas del deck de la cabaña.

¿Puedes tú, humano dormido, entrar en conexión con tus propios silencios apagando todos tus ruidos?

Refleja el agua, las laderas de las montañas. Las nubes bajas me ponen un telón en la mirada que le dirijo a Dios.

Escucho el sonido de mi alma. Siento bailar las notas del silencio a mi alrededor. Y mi alma se eleva cual águila hasta las barbas de Dios.

Extraño mi verdadera casa, extraño mi verdadera morada, aquella que en el futuro tengo donde el aire tiene sonidos y ellos… ellos anidan en mi alma.

En una tranquila mañana en Villa Pehuenia, Cabañas Costa Bonita, Neuquén Argentina

Miryam Dietrich

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