31 de diciembre de 2009 – Recibimiento del año 2010 por Miryam Dietrich – Parte 3 de 4

Parte 3 de 4 (3/4)

 Continúo con la historia de ayer (Hoy cuando escribo esto es 1 de enero de 2010).

Llegamos, ubicamos dos reposeras mirando el sol.

Licht  corría con una alegría y una energía inusitadas, y, Julia y yo comentábamos: “¿De donde saca pila este perrito para correr tanto a esta hora con todo lo que anduvimos?” Y riéndonos decíamos que podía hacer la publicidad de las pilas Duracel.

En silencio luego, bien abrigadas porque soplaba mucho viento, nos dedicamos a mirar el horizonte.

Y veo al rato una nube quieta  por sobre las nubes que allí pasaban.

Las nubes se movían de izquierda a derecha pero esa aparente nube estaba detenida fija y se veía en perspectiva por la distancia, como grande. Saco la foto que si la miras detenidamente, la puedes ver arriba a la izquierda como un reflejo metalizado. Era una nave.

 

Para que tengas una idea clara de las distancias y las perspectivas, saco la foto número 2 a las 20.19 horas, donde muestra una parte del camino que vá desde Ongamira hacia la ruta que conduce a Capilla del Monte.

Cuando oscureció, nos sentamos más atrás (en un sitio donde anteriormente había hecho cavar con una máquina parte de la montaña, cuya pared formada de esta manera nos protegía del viento), ahora sí mirando directamente al PAJARILLO.

A nuestra izquierda quedaba la ruta asfaltada y a nuestra derecha Ongamira.

Las fotos 3 y 4 que tomé casi al final de nuestra estadía marcan una referencia con la camioneta, la que se encontraba a la derecha de donde estábamos sentadas.

Comenzamos a rezar en silencio, cada una para adentro, en actitud de devoción, entrega, paz, perdón y amor.

A las 20.45hs “siento” con fuerza la presencia de ELLOS. Me levanto, voy hasta la camioneta, tomo de nuevo mi cámara fotográfica (que es común y corriente), me siento y tomo la fotografía que te muestro ahora. Puedes ver a LICHT y una bola de pura energía blanca compacta.

Comencé a rezar en voz alta, Julia compartía con su oración silenciosa en medio de profunda emoción que hacía que las lágrimas corrieran a raudales por su rostro.

Yo me encontraba en ese estado tan “especial” que me caracteriza cuando siento tan cerca la presencia de ELLOS. Y, aunque mis ojos físicos y los de Julia, no veían nada “sabíamos” que allí estaban.

Las auras del Pajarillo bailaban ahora en la oscuridad, con ese brillo tan peculiar que no es ni blanco ni transparente ni nada. Simplemente es. Y subían casi hasta el infinito y bajaban y disminuían en su intensidad para volver a aumentar. Como si jugaran en una perfecta sinfonía de amor, con nuestros ojos físicos.

Nos encontrábamos EN CASA. Esa fue la emoción que muchas horas después compartimos. Habíamos regresado a NUESTRO VERDADERO HOGAR.

O sea: por unas horas estuvimos en algo así que se podría definir como LA CASA DEL PADRE.

Y ELLOS se manifestaban en la cámara fotográfica.

Y ELLOS nos abrazaban sin tocarnos, acariciando nuestras almas, aliviando nuestras humanidades, recordándonos que nosotros también tenemos chispitas divinas en nuestro interior.

La montaña que ves como fondo, esa es la conocida como EL PAJARILLO

 Fin de la parte 3 de 4

Miryam Dietrich