413 – El ángel del vuelo 2600, por Miryam Dietrich

Hola angelito humano: hoy te escribo como viajera que soy de otras tierras, de otros cielos, de otros universos, de otros tiempos, de otras vidas, de otros encuentros.  En definitiva, soy una viajera de millones de viajes entre el cielo y la tierra.

Y como tal, otra vez estoy en “vuelo”.

Y mientras estoy disfrutando el vuelo 2600 (6 más 2 es igual a 8, la plena abundancia)  vuelve la magia, esa que a veces de tanto ser una humana, se me escapa y sufro con su destierro.

¡¡¡Guauu y reguuauuuauu!!! Casi grito en el avión por la felicidad plena que me embarga.

¡¡¡ HA VUELTO LA MAGIA DEL ESCRIBIR SINTIENDO SIN PENSAR!!!

¿Viste angelito humano que yo no puedo escribir simplemente para “cumplir”? ¡¡¡ Puffff!!!! Creía que había perdido la magia en alguna de mis andanzas serranas, en las que subo y bajo con mi cuatro por cuatro en caminos de piedras, en caminos escondidos, en caminos olvidados.

Y mientras voy sintiendo la presencia de mis ángeles, de ELLOS que siempre andan a mi lado, tomo conciencia que ando volando a 6.500 metros de altura. Y vuelvo a ser niña.

Vuelvo a ser aquella niña que deseaba a sus diez años de vida ( ubícate en que época ha sido, época en la que las jovencitas bordaban, cosían su ajuar, esperaban al hombre de “su vida” y tocaban el piano, no había TV y hacía poco había conocido una lustraspiradora ), a esa pequeña edad yo quería ser Piloto de cohetes espaciales. Y cuando mi madre alemana que no me entendía y sufría por esta hija rara, me preguntaba por que, le contestaba  “quiero ir a la Luna, a Marte, a Júpiter”.  ¡¡¡Pobre mi mami!!!.

Así que, con ese simpático recuerdo,  aquí me encuentro en este vuelo, mirando una nube que parece un antifaz veneciano.

Foto 1 desde el avion viaje Buenos Aires Mar del Plata
Volando más allá de las nubes, por Miryam Dietrich

Desparece el antifaz y viene a mi encuentro un rebaño de ovejas.

De golpe se corren los pompones de algodón y, veo abajo,  un diseño de un pueblo con casas apretujadas entre líneas, triángulos y cuadrados.

El ala del avión exhibe un naranja rabioso que la viste de fiesta y una luz intermitente pretende ir proclamando al cielo que, por acá,  estamos nosotros los ángeles humanos,  pasando.

Foto 2 desde el avion viaje Buenos Aires Mar del Plata
Un ala nietrich

Un ángel-nube me saluda desde el cielo.  Estalla mi alma de plenitud.  Y este vuelo me recuerda otro mágico vuelo: el de Sudáfrica a Kenya, ese que te cuento en mi libro NEGRO Y BLANCA CAMINO DE LAS SEÑALES.

Para los ángeles no hay países ni distancias ni límites. ELLOS siempre se dejan ver sólo.. .sólo que el humano tiene la mirada empañada de tanto celular y computadora usando, que los hace olvidar de la magia de los encuentros.

Comienza el descenso, el avión inclina sus alas permitiéndome ver una meseta de “nieve” o “una cama de algodones superpuestos”.

La magia carece de precio.

La conexión con los ángeles es algo extraordinario. ELLOS nos ayudan a caminar la tierra, ayudándonos a sentir el cielo en nuestras almas.

Ya carretea el avión por la pista de aterrizaje en Mar del Plata. Llovizna. Hace frío. No lo siento ni pareciera que me mojo cuando bajo por la escalerilla.

Ahí está mi hermana de vida, María Estela, esperándome fielmente con un simpático cartel de un ángel dibujado que ostenta atrevido mi nombre aunque tiene la “Y” invertida.

Cartel de Estela en Mar del Plata
Cartel de Bienvenida en Mar del Plata, por Miryam Dietrich

La magia existe. Los milagros existen. La amistad existe. Los Ángeles Existen.

Y el amor es el  único engranaje que, aceitado, permite que todo ello sea experimentado.

Somos generadores de milagros, somos angelitos humanos. Recuérdalo. Siéntelo.

¡¡¡Vive!!!

Allá voy Necochea, abro mis brazos y mis alas de ángel humano para un nuevo encuentro.

 

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