Copahue (Patagonia argentina) y los Ángeles (510), por Miryam Dietrich

Buen día angelito humano: ya me encuentro de nuevo en mi casita en la zona rural de Capilla del Monte (Córdoba – Argentina)
Voy a compartir contigo (una vez más) parte de mis experiencias en este maravilloso viaje.
Al despertarme el sábado en la mañana en Copahue (Patagona Argentina) me asombré con el sol saliendo, que iba pintando de colores las cumbres hasta que, se cansó de ese lugar y subió – con esa calma que lo caracteriza- hacia lo alto y nos llenó de calorcito agradable mientras aspirábamos el olor del sulfuro de las piletas de las aguas termales existentes en el lugar.
Agradeciendo, agradeciendo, agradeciendo.
Un paisaje nevado en las altas cumbres las que miro desde el fondo del cráter 6 del Volcán Copahue.

Verito Macias, Veronica Lillo y Miryam Dietrich en  Copahue (patagonia argentina)
Verito Macias, Veronica Lillo y Miryam Dietrich en Copahue (patagonia argentina)

Sitio increíble y muy argentino. Largo corredor que une los baños termales con los negocios donde, una multitud de objetos colocados en forma asombrosamente desordenada, captan mi mirada.

Una mirada a Copahue   (patagonia argentina) por Miryam Dietrich
Una mirada a Copahue
(patagonia argentina) por Miryam Dietrich

Un puente, que es bañado por la bruma que se genera por el choque de las temperaturas de las aguas calientes de las piletas y el aire frío de la cordillera. Bruma que casi tapa el otro puente que es curvo. Y con esa neblina sulfurosa, las brisas formas raras figuras. Y trae a mi mente recuerdos de las neblinas londinenses.

 

Bruma sulfurosa en Copahue (Patagonia Argentina) por Miryam Dietrich
Bruma sulfurosa en Copahue (Patagonia Argentina) por Miryam Dietrich

Mientras espero mi turno para disfrutar de uno de los tantos servicios que el sitio ofrece, observo sentada a mi derecha, una señora con glamour, indiferente a los otros, con un rostro surcado por muchas arrugas que denotan de una vida vivida intensamente, sin botox, sin siliconas, totalmente natural.
Ojos vivaces mientras sigue la calingrilla. Observo sus zapatos, de esos de antes, de anchos y bajitos tacos. Al igual que su dueña, presentan señales de muchos caminos hollados aunque lustrosos y limpios con una mano de betún. Pero mi mirada de observadora se detiene en su pollera. La misma también me cuenta historias de vidas y pobrezas, es la típica de antaño, de esas del tajo al costado cerrada en el cruce con un prendedor.
Pero eso no es todo. Una misteriosa puntilla asoma por el tajo de la pollera. La miro casi con descaro porque es…una puntilla de enagua, de esas prendas femeninas que se usaron entre los años 50 a 60.
¡¡¡Guauuuuuu y reguauuuuuu!!! Ella continúa impávida con su sopa de letras, mientras yo siento que por unos minutos, esta angelada mujer me ha llevado a recuerdos de la infancia y me ha hecho entrar en un rulo del tiempo, donde el ayer se me pega con el hoy. Y eso me arranca una sonrisa silenciosa. Y trae a mi memoria a mi mamá y sus prendas.

Una cascada en Copahue (Patagonia Argentina) por Miryam Dietrich
Una cascada en Copahue (Patagonia Argentina) por Miryam Dietrich

¡¡¡Estos ELLOS que me juegan chistes cósmicos!!! Esto me significó el recordar que todo es atemporal y que lo que en el pasado fue elegancia, hoy es historia.
Veo ancianos y no tan ancianos, personal eficiente dentro del complejo de los baños termales.
Vuelvo al presente y luego de ser atendida, me dirijo al puente curvo.
Aparece un drone, personaje inusitado e irrespetuoso en estas alturas. Quiero olvidar por estos días que TODOS estamos vigilados por todos lados con cámaras ¿de seguridad? y que los drones invaden nuestro espacio sin tener nuestro permiso.
En otro momento, camino hacia un sitio donde una cascada cae desde lo alto hacia la parte llana, generando un musgo que parece césped artificial.
Juego a cruzar un canal pisando unas tablas colocadas al azar y unas piedras que desafían mi sentido del equilibrio, igual que cuando- allá a lo lejos- jugaba con mis primos para cruzar el arroyito del campo de mi abuelo.
Mis ojos se elevan hacia esas cumbres con nieve eternas.
Se perfila el invierno en este mágico sitio, donde el aire es tan pero tan puro que duele el aspirarlo. Un perro peludo arrastra una pata y me mira con la suficiencia de jugar de local mientras yo lo hago de visitante.
Una pileta que se llama Chancho. Me causó mucha gracia ese nombre. Y al acercarme supe el porqué. Humanos embarrados jugando a no ser identificados, los que al salir … parecen – lo digo con respeto cariñoso- chanchos que ha jugado en el barro.
Pstpst… yo también me embarré solo que perdía el anonimato por cuanto mis pelos rubios me delataban.
Hay otra pileta que se llama CALLOS ¡jajaja!!! Cuando mis amigos me dijeron que era porque esa agua hacía caer los callos, creía yo que me hacían una broma. Pero… ¡¡¡Es cierto!!!
Siento presencias cuando camino en silencio. Siento la magia de este espacio. De golpe, el sonido de unos patos, que compiten con el rrrrrrr rrrrrr del drone.
Y para sorpresa mía, escucho chillidos de teros.
Hay otra pileta que se llama AGUAS VERDES, y es… maravillosamente verde. Y fría o mejor dicho tibia. Lo cual para mi es todo un placer.
Cae la noche y el frío hace su entrada, pero es un frío amoroso, suavizante que me captura el alma.
Lo mágico: NO HAY SEÑAL DE CELULAR!!! Dice la TV que estamos en alerta amarilla por el volcán.
Nada sucede. Los baños me han dejado super relajada. Siento internamente que este sitio, además de alinear nuestro cuerpo físico, nos empuja a mirarnos hacia adentro y el aire especial del lugar nos sana internamente.
Siento que COPAHUE, al igual que mi amada Quebrada de Luna cerca de Capilla del Monte, son sitios atemporales.
No pensaba venir a Copahue, no estaba en mis planes racionales. Más las señales de ELLOS me trajeron sin querer queriendo. Y por supuesto, por las mágicas sugerencias de Veronica Lillo y Pedro Macías, mis anfitriones de Cutralcó. Ellos me acompañaron junto con Verito y Mariana y el amor incondicional de Belén.
He conocido bellas personas. Y me voy, con la promesa interna de volver. Posiblemente en febrero 2019 con un retiro de re-conexión, entre el cuerpo y el espacio, el alma y esta bellísima zona cordillerana.
Me despido agradecida, casi con desgano me voy. Más se que me esperan otros nuevos caminos, otros nuevos sitios.
Allá voy Riscos Bayos. Pero eso te lo cuento luego.
Un abrazo terrenalmente angelado y un ¡¡¡¡Guauuuuu y reguauuuuu!!!

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