397 – Librería Amazon y Negro y Blanca Camino de las Señales, por Miryam Dietrich

Hola angelito humano: ¡Qué semana esta semana de octubre de 2015! Muchas actividades, viajes, filmaciones, nuevos escenarios, nuevas posibilidades, la web de rueca de almas nuevamente hackeada, en fin me ha pasado de todo.

Pero… lo más lindo, lo más lindo es que…

NEGRO Y BLANCA CAMINO DE LAS SEÑALES, ya está a la venta en Amazon la mayor librería cibernética del mundo.

Ingresa a www.amazon.com y me buscas. Es el libro que tiene la TAPA NARANJA.

El otro fue una prueba que hicimos y ahora no lo podemos borrar!!!! Estamos aprendiendo todos los días.

También puedes hacer click en este link:

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Tapa de Negro y Blanca Camino de las Señales, en www.amazon.com

 

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¡¡¡Guauuuuuu y reguauuuuuu!!!

Ahora sí que no hay distancias para tener este mensaje de los Ángeles en tu mesa de luz.

Y para conocer a Credo Mutwa Zulu

Tienes los videos en youtube y en Vimeo, en el canal a mi nombre.

Y si lo deseas puedes dejar el comentario sobre el libro donde dice Review.

¡Feliz, feliz, feliz!

383 – Entre el Uritorco y Los Terrones, señales de los Ángeles, por Miryam Dietrich

Hola angelito humano: comparto contigo esta experiencia, para que, cuando desees venir a verme y realizar este viaje sagrado, puedas hacerlo en silencio dejando que hable tu alma.

Es un día cualquiera de este mayo de 2015, desconcertante en su clima. Día de a ratos con sol y de a ratos nublado, alternando calor y frío sin climas intermedios. Vamos trepando con la camioneta un caminito que parece olvidado.

A mi lado una amiga: la portera del sitio. En la caja, Dam ladrando de tanto en tanto para hacer notar su presencia. Nubes bajas. Montañas que se esconden detrás de ellas. Continuamos trepando. Vacas cortando la huella. Hacemos un alto. Fotos. Sonidos del silencio.

Mariposas. Allá abajo vacas que chiquitas se ven, mugiendo en su canto a la vida. Y el mugido rebota en los ecos de tantas montañas, valles y cauces de ríos secos.

Las vacas (puntitos negros) en el fondo, por Miryam Dietrich
Las vacas (puntitos negros) en el fondo, por Miryam Dietrich

Seguimos trepando. Curvas. Contra curvas. Caballos. Nos detenemos para mirarlos.  Uno muy descarado, apoya su hocico en el capot de la camioneta. Le hablamos cual si humano fuera y el  se retira obediente, es más, diría casi con pícara sonrisa.

Continuamos el camino angosto, con precipicio de un lado y montañas del otro. Piedras sueltas.

¡Oh!, ¡Sorpresa!  Las montañas salen de su escondite porque las nubes se escapan.

Camino difícil en tramos. Como el Camino de la vida. Como cuando queremos entender las señales de los ángeles y sólo hacemos caso a nuestra mente, complicando lo incomplicable.

En un punto, el Uritorco, macho, bravío, misterioso. Estando tan lejos, lo sentimos tan cerca.

Cerro Uritorco escondido detrás de las nubes, por Miryam Dietrich
Cerro Uritorco escondido detrás de las nubes, por Miryam Dietrich

Abajo, se corre el telón de la naturaleza y aparecen Los Terrones, como alfombra de remotas eras glaciarias tendida a nuestros pies.

Dejamos la camioneta. Continuamos caminando casi observando tanta maravilla, tanta naturaleza. Dam va saltando, feliz, ora avanzando, ora esperando.

Dam y las vacas a metros de Los Terrones, por Miryam Dietrich
Dam y las vacas a metros de Los Terrones, por Miryam Dietrich

 

Hablamos en susurros. Pisamos tierra sagrada. Tierra poco hollada por el humano. Cantando desde el ombligo del alma, invocamos a Dios, a María la Madre Universal,  a las Jerarquías de Erks, a los ángeles, a los espíritus de los comechingones que en otras vidas galoparon este tramo de la tierra.

Dam, Los Terrones y yo, por Miryam Dietrich
Dam, Los Terrones y yo, por Miryam Dietrich

Y con el canto las nubes se elevan definitivamente y el sol aparece acariciando nuestras presencias.

Canto casi en susurros. Compartimos silencios. Sentimos las “presencias”. Entramos en el túnel del tiempo del no tiempo.

Allá abajo, entre las figuras insospechadas de Los Terrones, las Condoreras.

Viene un cóndor. Luego dos, tres, cuatro. No sabemos si machos o hembras. Planean sobre nuestras cabezas. Dam se queda quieta.

Cóndor sobre el "techo" de Los Terrones, por Miryam Dietrich
Cóndor sobre el “techo” de Los Terrones, por Miryam Dietrich

¡¡¡¡Guauuuuu!!!! Nuestras almas se elevan, y se elevan, y se elevan. Casi como si fuéramos barriletes o cóndores.

Me siento Cóndor y tengo ansias de volar junto a ellos. Quiero ser cóndor para acercarme más a Dios  más… desde el cielo me recuerdan que mi misión es aún, caminar la tierra.

Atrás han quedado los acosos políticos, sociales, económicos, culturales.

Casi duele la nariz, de respirar este aire tan puro.

Nada nos altera en el silencio compartido.

Lentamente las nubes bajan cambiando  la mirada, porque el Uritorco se llama a dormir, ocultándose de la humanidad deshumanizadamente manipulada.

Volvemos sin querer volver,  a paso cansino hacia el vehículo. Mi amiga cierra el sagrado encuentro, con sus palabras, con sus sentires, con sus emociones y pensamientos.

Suena el celular. “Retornamos” a la tierra en forma casi abrupta, porque el sonido sonó a chirrido, a cosa extraña no apta para ese sitio.

¿Una manifestación sobre Los Terrones?, por Miryam Dietrich
¿Una manifestación sobre Los Terrones?, por Miryam Dietrich

Comenzamos el descenso de los más de 1900 metros sobre el nivel del mar.

Retorno en primera con la 4×4 puesta. Saliendo de una curva, nuevamente los caballos ahora detenidos en la frágil senda. Aparecen tres, cuatro y se agrega un quinto que ni sabemos de dónde vino.

Al sonido insólito de la bocina del vehículo comienzan a trotar por el angosto camino, acompañando nuestro descenso. Y trotan por delante, sin abandonar ni por un instante la huella. Los humanos abandonamos la “huella” a cada rato, pero los caballos … ellos respetan el sendero que les ha sido “dado”.

Sentimos que nos cuidan, que nos guían, que nos dan señales  porque llegan con nosotras hasta el cauce del río y ahí se despiden, perdiéndose en el monte, entre piedras y espinillos, al trote tranquilo de los que saben que han concluido lo que debía ser hecho : acompañarnos.

Las montañas son como la vida. En cada curva hay un cambio, una posibilidad.

“ELLOS” nos dejan señales, marcándonos el camino, señales que demasiadas veces ignoramos por andar muy distraídos creyendo que esta vida es la única vida cuando en realidad nuestras almas realmente viven …  cuando morimos.

Miryam Dietrich