422 – El Ángel de la Paciencia que conduce al Ángel de los Milagros

Hola angelito humano: como ya te comentado otras veces no soy maestra, no enseño nada y solo doy testimonio de mis vivencias.

¡Día de milagros el 19 de julio de 2016!

Pero vayamos al principio.

Allá por no se qué año del 19 y pico ejercía mi profesión de abogada independiente. Me llaman por dos personas de origen boliviano que habían sufrido un accidente de tránsito. Una fallecida y la otra mal herida. Habían sido atropellados. El fallecido dejó una viuda y una niña de unos seis años. Se inicia el juicio.

El hombre fallecido tenía excelentes referencias en todos lados. Poseía una casa de clase media, pulcra y ordenada. Nada sobraba y nada faltaba. Trabajador. Muy trabajador. Del mal herido no se podía decir lo mismo. Vivía  en una especie de rancho y era mal pensado, además de sucio.

Llegamos a un acuerdo con la aseguradora. El mal pensado dominaba a su cuñada, la viuda. Una parte de la indemnización era para la menor de edad. De la parte de la niña, contra viento y marea y derrotando la burocracia judicial y la avaricia del mal pensado, la hice colocar en bonos Bonex serie 82 con renta en dólares en la Bolsa de Comercio, permitiendo que la madre solo sacara la renta mensual y el capital quedaba intocable hasta la mayoría de edad de la niña.

Merece contar que por hacer este trámite para la niña, yo no cobraba más honorarios pero sí gasté mucha energía y papel y viajes desde La Plata a Lomas de Zamora donde tramitaba el juicio.

El mal pensado accionó como mal pensado que era.  Al no poder echar mano de ese dinero y, por primera y única vez en mi vida profesional, tuve una denuncia en el Colegio de Abogados. Denuncia que firmó la viuda a instancias del mal pensado. Me defendí y –luego de tres años- salí airosa con los comprobantes que había en el expediente pero eso, eso me hizo mucho daño.

Lloré lágrimas muy amargas.

Pasaron los años. Un día mi secretaria me dice que había una señorita al teléfono que quería hablar conmigo. Y me dice quien era. Al escuchar el apellido, mi corazón dio un vuelco y casi corto la comunicación. Pero ahí los ángeles intervinieron y levanté el tubo.

¡Era la niña huérfana de padre que se había convertido en mujer y se estaba recibiendo en la facultad no recuerdo de que profesión!

Lloré pero de alegría. Ella me dijo que solo a mi me debía su título. Que me pedía perdón por lo que había hecho su mamá en mi contra y que el tío ya no estaba más en sus vidas, desde que no les pudo sacar el dinero. Me dio infinitas gracias y que a la mamá le daba vergüenza llamarme.

Y cuando corté la comunicación, yo lloraba como una Magdalena. De alegría, de reconocimiento hacia esa joven valiente que había sido capaz de reconocer el error de la mamá y que entendió que mi actitud había sido en defensa de su futuro.

El tiempo había arreglado las cosas y yo recibí una lección: cualquiera sea el trabajo que uno hace en la tierra, tiene que estar comprometido con ello. Y muchas veces por eso mismo se es atacado. Más uno debe seguir haciendo lo que cree que es correcto.

Pasaron los años. Me convocan a realizar una serie de talleres y retiros en otro país. Los realizo con mi compromiso habitual. Cuando todo había terminado y luego de una serie de canalizaciones, donde las dos coordinadoras NO recibían los mensajes que querían recibir, ya que los Ángeles les decían otras cosas, se me enojaron.

Pero el enojo no fue transmitido personalmente, sino por email . Y eso, luego  casi un mes después de que yo llegara a mi país.

No había reflexión alguna por parte de ellas y sus mensajes transitaban el camino de la ira  desmedida. Y deje de escribirles  emails, porque hace añares que sé que cuando al Mono Loco se le clava una idea, cualquier aclaración sobre esa idea errónea, solo hace que el Mono se aferre más a ella.

El miedo a saber, genera enojo y con el enojo del otro, no hay razonamiento posible.

Dice un refrán en el campo de donde vengo “No aclares que oscurece”.

De vez en cuando me acordaba de estas dos mujeres, sobre todo de la mayor de las dos. Mi ser se entristecía pero desde mi persona, nada hacía porque también aprendí que, a veces, la mejor forma de hacer es no hacer nada.

Aunque triste en el recuerdo, yo tenía plena confianza en la lindura del alma de ellas y en que los Ángeles siempre colaboran para que los temas queden esclarecidos, aunque las angelitas humanas se pongan solo humanas y se olvidan que son angelitas.

Pasaron los años. Y con diferentes protagonistas, escenarios y situaciones personales, de tanto en tanto (muy de tanto en tanto)  tenía frente a mi a alguien que repetía aquellas conductas, las de las coordinadoras o las de la mamá boliviana.

Me mantuve fiel a lo que sentía, a lo que recibía que debía decir y también a mi propia esencia. Y frente al enojo del otro por no recibir lo que quería recibir, yo hacía mi trabajo y soltaba.

El Mono Loco siempre cree que sabe como tienen que ser las cosas. ¡¡¡Mama mía!!! Realmente he hecho una Maestría de la Paciencia aunque no me considero Maestra.

Como dicen en el campo “Andando el carro, se acomodan los melones”

Ahora, en el día de hoy, recibí una llamada de mi hijo menor donde pudimos hablar en diálogo franco y amoroso de un montón de cosas, diálogo que hacía muchos años no podíamos tenerlo.

Comparto mi alegría llamando por teléfono a una de mis  hermanas de vida y cuando corto la comunicación veo en mi teléfono, que en Facebook había un comentario sobre mi persona. ¡¡¡¡¡Guauuuuuuuu y reguauuuuuuuu!!!!! Era un mensaje público de una de las dos coordinadoras. Era la mayor de las dos.

Un simple reconocimiento que hizo que mi corazón saltara de alegría. No me hicieron falta de parte de ella palabras  o pedidos de perdón. Entendí su escritura y me hubiera gustado estar en el mismo país y ciudad para fundirnos en un abrazo.

Pero no terminó ahí. Al finalizar la conversación telefónica con mi hermana de vida,   me llama mi hijo mayor. Larga conversación, excelente diálogo como el que no teníamos desde hacía años. Y pude decirle a mi hijo tantísimas cosas sobre nuestra relación. Palabras que salieron del ombligo de mi alma, con amor, con prudencia pero que fueron dichas luego de haber estado por añooooossss escondidas en el cofre de mi corazón.

El ángel de la Paciencia siempre lo sentí a mi lado, porque cuando se desataba mi Mono y quería decir que necesitaba ser escuchada por el otro, EL me decía que las cosas dichas a destiempo no sirven y es como echar sal a las heridas.

Pero también es cierto que conmigo camina- a veces cuando lo dejo e impido que mi Mono Loco funcione- el Ángel de los Milagros.

Los milagros en nuestras vidas son dones extraordinarios que nos regala el Padre y que los Ángeles- que son esos seres maravillosos de una inteligencia superior- traen a nuestro encuentro.

Pero los Monos Locos desatan el miedo a lo desconocido, nos convencen de que sabemos cómo deben ser las cosas  y creemos que los milagros los hacen los otros, cuando en realidad todo somos milagreros si aprendemos a Escuchar, Observar, Discernir y tener mucha Paciencia.

Le doy gracias a los Ángeles y me las doy a mi misma, porque aunque he llorado mucho- debo confesarlo- el Ángel de la Prudencia le dio paso al Ángel de la Paciencia y así llegó a mi vida – luego de muchos años de vida terrestre sufriente- el Ángel de los Milagros.

Toda camina en círculos. El ayer se une al hoy y este al mañana. Todo está en el mismo momento donde yo estoy.

Todo deja enseñanza y todo transmite mensajes.

Y sino, observen mis fotos. Mi mamá me peinaba de bebé con los pelitos parados.

Foto modificada yo bebe
Miryam Dietrich bebé

Y fíjate como me peino ahora.

para la web
Miryam Dietrich

He recibido tanto amor que puedo compartirlo contigo. Cierra los ojos y recibe todas estas luces llenas de amor que caen sobre ti, justo ahora, en este momento… para que… recuerdes que además de humano… tú también eres ángel.

Deja que la esencia del Amor mande a dormir al Mono Loco!!!